martes, 6 de octubre de 2009

Psicomotricidad en la práctica educativa


Psicomotricidad en la práctica educativa

“El hombre sólo es verdaderamente hombre cuando juega”
Friedriech von Schiller

La psicomotricidad es una disciplina que se dedica al estudio del movimiento corporal, no únicamente como expresión de descarga sino en una concepción mucho más amplia. Trata, por ejemplo, la influencia de éste en la construcción de la personalidad y cómo incide sobre lo afectivo, lo intelectual, lo emocional. En ella se considera al niño como una unidad biopsicosocial en la que todos los aspectos de su vida están integrados interactuando entre sí.
Antes de los aportes de la psicomotricidad, el cuerpo era comprendido en una concepción puramente mecánica. De ese cuerpo instrumental, mecánico se pasó a una concepción más amplia en la que se lo relacióna con la expresión, las artes plásticas y dramáticas. Pero ese cuerpo no está solo, es un cuerpo en relación con los otros. El cuerpo es entendido así como instrumento, expresión, relación.

Avances posteriores llevaron a la concepción de cuerpo de un sujeto determinado, con nombre y apellido, idea ésta en la que comienza a importar el deseo del niño. Se trata, pues, de una concepción más humanizada y es la que actualmente se considera en la psicomotricidad.
Esta idea global de niño queda manifiesta en su acción, la que le liga emocionalmente al mundo y que debe ser comprendida como el estrecho vínculo existente entre su estructura somática, afectiva y cognitiva. Es en la acción del niño donde se articulan todas sus posibilidades de comunicación y conceptualización.

La práctica psicomotriz, apoyada en los principios de Aucouturier, no enseña al niño los requisitos del espacio, del tiempo, del esquema corporal, sino que lo pone en situación de vivir emocionalmente el espacio, los objetos y la relación con el otro, de descubrir y descubrirse, única posibilidad para él de adquirir e integrar sin dificultad el conocimiento de su propio cuerpo, del espacio y del tiempo.

A través de la práctica psicomotriz el niño vivencia emocionalmente el espacio, los objetos, a los otros. La posibilidad de descubrir y descubrirse que proporciona esta práctica brinda al niño la mejor oportunidad de adquirir e integrar el conocimiento del cuerpo, el espacio y el tiempo.
Estos aportes traen aparejado el concepto de que la información que recibimos es recepcionada por el cerebro emocional y luego pasa al cerebro cognitivo. Lo afectivo pasa a un plano preponderante, enciende o apaga las respuestas del conocimiento y del movimiento. Se está jerarquizando el placer, lo que amplía considerablemente el concepto de cuerpo antes definido.

Entonces, para esta nueva concepción el cuerpo es :
• Instrumento
• Expresión
• Relación
• Cuerpo de un sujeto
• Placer

La práctica psicomotriz tiene como finalidad favorecer la expresividad psicomotriz del niño y, posteriormente, su desarrollo hacia tres objetivos que se complementan y enriquecen mutuamente:
1) Abrir al niño a la comunicación.
2) Estimular la creación.
3) Favorecer la descentración.
Estos términos deben concebirse como una tríada indisociable.

Comunicación
Está en relación al adulto y a los otros niños. La práctica psicomotriz favorece la interacción a través del placer del movimiento compartido. Se trata de poner al niño en relación con el otro antes de pretender de él un trabajo intelectual.

CreaciónÉsta se ve incentivada ante la posibilidad de usar los objetos, el espacio y el propio cuerpo de manera no estereotipada.

DescentraciónHablamos de descentración en el plano afectivo-cognitivo, que implica la capacidad del niño de poner distancia de sus emociones y poder ponerse en el lugar del otro. Además, la práctica psicomotriz es un prerrequisito para acceder a un pensamiento operativo. Para llegar a él es necesario que el niño viva primero ciertas nociones con su cuerpo a través, por ejemplo, del descubrimiento psicomotor de los opuestos (grande-chico), a través de nociones de igualdad-desigualdad y de la práctica de actividades como armar y desarmar; ordenar y desordenar. El niño realiza el descubrimiento de los contrastes y sus asociaciones; por ejemplo, grueso y pesado como diferente de fino y liviano, iniciando así la posibilidad de representar mentalmente los objetos y las relaciones entre ellos. De esta forma, puede ir accediendo a un pensamiento reversible que ha constatado vivencialmente y que es tan importante en el pensamiento operatorio.

¿Cómo transcurre una seción de psicomotricidad?
La práctica psicomotriz educativa se lleva a cabo en el marco de una sala de psicomotricidad especialmente acondicionada para ello, con la intervención del psicomotricista que conoce la técnica y un sistema de actividades propios de esta disciplina.

Ritual de entrada
Los niños llegan, se encuentran. Todos dicen sus nombres y recuerdan a los que no están presentes, pero que igual tienen su lugar en el grupo.
Reglas
Se recuerdan las reglas. Son solamente tres, pero siempre deben ser respetadas:
• No lastimar ni lastimarse.
• No romper.
• No desarmar construcciones de otro.

Metodología
Ésta se desarrolla en tres ámbitos:
• sensoriomotor. Incluye actividades como saltar, rodar, girar, trepar, etc. No importa la perfección del movimiento, sino el disfrute y la formación de la imagen corporal.
• juego simbólico. Se realiza con materiales no estructurados como, por ejemplo, telas, hule espuma, cuerdas.
• distanciamiento o descentración. Es el espacio para las construcciones, está limitado por una alfombra y en él se utilizan materiales tales como ladrillos (de preferencia pequeños), maderas, etc. También incluye las producciones gráficas.

Ritual de salida
Diez minutos antes de que acabe el tiempo destinado a la actividad se avisa a los niños que éste está por finalizar, con el objeto de que puedan terminar la idea del juego.
Al terminar es necesario ordenar. Se puede cantar una canción o escuchar un cuento. Los niños deben contar cómo transcurrió la sesión y qué fue lo que más les gustó.
Lo anteriormente expuesto no significa que no se puedan realizar actividades que favorezcan el desarrollo psicomotriz dentro del ámbito de un aula convencional. De ninguna manera, hay mucho que el maestro puede realizar en tal sentido pues, en forma natural, puede desplegar actividades que estimulan ese desarrollo e intervenir favoreciendo esas instancias y propiciando otras.

El juego
El juego es fundamental para el enfoque psicomotricista, ya sean los juegos motores, de representación o reglados.
Juegos motores
Gilbert y Vial investigaron actividades motoras espontáneas que los niños realizan en diferentes espacios como parques, escuelas, etc. Para la investigación se consideraron los siguientes aspectos:
1.Condiciones materiales.
2.Relación con el espacio.
3. Dinámica del movimiento.
4. Organización temporal.
5. Significación psicológica.

A su vez, a los juegos de prevalencia motora los dividieron en dos grupos:
1) los centrados en uno mismo, en el cuerpo y en el placer que provocan y
2) los dirigidos al exterior, a conquistar el espacio.
Los centrados en uno mismo incluyen los balanceos, los giros, las caídas y otros más. Los dirigidos al exterior pueden ser: saltar, trepar, mantener el equilibrio, correr carreras, etcétera.
A continuación, nos referiremos a los juegos centrados en uno mismo por ser una modalidad poco ejercitada en forma intencional en las actividades de juegos programadas dentro de las instituciones educativas.

Balanceos
Se definen como balanceos aquellos movimientos de oscilación regular del cuerpo (hacia un lado y otro de un centro de equilibrio) o movimientos de oscilación regular de una parte del cuerpo (de un lado a otro de una articulación).
En cuanto a las condiciones materiales, existen los balanceos limitados al cuerpo en los que es éste en sus particularidades el que impone al movimiento sus propios límites y el que procura el péndulo y el punto fijo que sirve de apoyo al movimiento. En otro tipo de balanceos se utilizan objetos como columpios u otros que por su forma y movilidad se prestan para este fin, aun cuando no hayan sido hechos para tal propósito.
Con respecto a la relación con el espacio, el balanceo es un movimiento de vaivén en el espacio que se puede experimentar en diferentes posturas y direcciones. Las posturas pueden ser: parado con piernas juntas o separadas, apoyado en pies y manos, sentado de rodillas, suspendido por los brazos o por las piernas, acostado boca arriba o boca abajo. El balanceo puede tener diferentes direcciones: adelante-atrás, arriba-abajo, izquierda-derecha y combinación de las anteriores.
La dinámica del movimiento también es variada. En el balanceo activo uno se mueve por sí mismo, en el pasivo es balanceado por otro. A nivel tónico los balanceos pueden producir rigidez, moviéndose el cuerpo en bloque o permaneciendo flexible.
En su organización temporal el balanceo es un movimiento repetitivo en el tiempo, con carácter periódico. Cada balanceo tiene una frecuencia, una velocidad y amplitud que le es propia, todo lo cual configura un ritmo.
En las significaciones psicológicas, estos desplazamientos promueven distintas sensaciones: tensión, angustia, aturdimiento, malestar o, por el contrario, distensión, apaciguamiento, placer.
El balanceo intenso hace mover el líquido que se encuentra dentro del caracol del oído. Este líquido, a su vez, controla el equilibrio, por lo tanto al moverse genera desequilibrio e inestabilidad, sensaciones que en dosis adecuadas son positivas para ayudar al niño a controlar y superar angustias, miedos, etcétera. Recordemos que el balanceo es el primer movimiento que genera placer desde el vientre materno.
Resumiendo, los balanceos producen:
• Placer de sentir su propio cuerpo.
• Placer de controlar cada vez más el movimiento.
•Placer de jugar con el miedo.

Movimientos giratorios
Estos movimientos pueden ser de giro completo —uno solo o varios— o de giro incompleto.
Las condiciones materiales pueden variar. Algunos son realizados sólo con el cuerpo, otros con el cuerpo en relación a un pivote o eje exterior fijo y otros con una persona u objeto que gire. Como ejemplos están las rodadas, las volteretas, las rondas, los avioncitos, etcétera.
Al igual que los balanceos, se pueden realizar sobre objetos hechos para tal fin, como los caballitos, o utilizando de manera no convencional otros elementos como colchones, postes planos inclinados, etcétera.
La dinámica del movimiento puede ser de movimientos pasivos, entre ellos los cambios de posición de decúbito dorsal a ventral, el avioncito, los caballitos y movimientos activos: rodadas, volteretas, rondas.
Con respecto a la organización temporal los movimientos pueden ser aislados o encadenados, adquiriendo un carácter continuo, repetitivo, pero que no son alternos como los balanceos.
En su significación psicológica, éstos son movimientos que generan incertidumbre postural, que generan miedo. Invitan a jugar con el miedo —al ser los niños propulsados al espacio, al caer— y al desafío de lograr controlarlo. Son juegos para provocar y vivenciar el miedo.
Estos juegos son un medio de verificar la permanencia del entorno, perdiéndolo y reencontrándolo, pero a la vez son un medio de actuar sobre el mundo, de controlarlo y de sentir así un sentimiento de omnipotencia, generador de un intenso placer. Pueden realizarse en grupo o en solitario.
Los giros provocan sensaciones interoseptivas o propioseptivas de manera predominante, aunque los niños también experimentan sensaciones exteroseptivas, por ejemplo, el movimiento del cabello, de la ropa.
Una característica de estos movimientos es que a medida que se gira se tiene la sensación de quedarse atrapado por el movimiento.
Los movimientos giratorios pueden cumplir un rol facilitador para los movimientos necesarios en la práctica de ciertos deportes como los lanzamientos y los saltos. También son el principal movimiento de las danzas.

Las caídas
Son aquellas actividades o juegos que corresponden a una brusca desnivelación del cuerpo bajo el efecto de la gravedad, a partir de una pérdida de equilibrio involuntaria o voluntaria o a la pérdida de los puntos de apoyo.
Las condiciones materiales dependen del tipo de caída. Algunas características del entorno pueden favorecer las caídas —camas, pasto, arena, agua. La calidad del suelo aparecería como una invitación o desaliento para realizar este tipo de movimiento, así como las condiciones del espacio, la existencia de lugares para subirse (muros, escaleras).
No existen elementos comerciales destinados para jugar a caer pero sí que faciliten hacerlo como, por ejemplo, el tobogán.
En cuanto a las relaciones con el espacio, las caídas implican cambios bruscos de postura. Es un movimiento rápido y corto. En el momento de la caída el cuerpo puede estar detenido o en otro movimiento (carrera o movimiento giratorio). Se puede caer en diferentes direcciones: hacia delante, hacia atrás, etc. También puede variar la posición del cuerpo en la llegada: sobre los glúteos, a lo largo del cuerpo, con piernas y manos.
Teniendo en cuenta la dinámica del movimiento, podemos señalar que este movimiento tiene un carácter pasivo y responde a la fuerza de gravedad. Depende de la masa del cuerpo y de la altura. Puede ser ejecutado con la ayuda de otra persona quien dosifica el desarrollo del movimiento y amortigua la llegada al suelo. También el niño puede dejarse caer o dar el impulso.
En cuanto a la organización temporal, la caída es un movimiento rápido, único, del orden de lo instantáneo y limitado en su fin. Es siempre de corta duración y se da en un límite que es ineludible. Puede marcar el fin de una actividad o servir para originar otra (rodadas, reptaciones)
Las significaciones psicológicas pueden ser muy variadas ya que el movimiento puede ser accidental, involuntario o voluntario. Las caídas involuntarias deben ser manejadas con mayor precaución ya que pueden ir acompañadas de sentimientos negativos: ridículo, frustración, vergüenza. La caída es fuente de miedo y el miedo puede causar un sentimiento de incertidumbre postural.
Un medio para jugar la inhabilidad, para actuar la torpeza respondiendo a una exploración de lo cómico, es la caída. La risa no excluye al miedo, ni el juego los sentimientos ambivalentes que genera, pero indudablemente ayudan a ir manejando tal situación. La caída comienza a ser placentera cuando el niño logra controlar el gesto y la emoción que ella provoca, para lo cual necesita repetir numerosas veces la situación. En este momento el niño adquiere un cierto grado de control, de dominio motriz, emocional y de lo que simboliza la caída.
Las caídas tienen también un componente de búsqueda de placer por el contacto corporal con los otros, como por ejemplo cuando los niños se dejan caer unos por encima de otros.

AUTORAS
María Amelia Martínez y
María Soledad Cabrera

EN: CORREOS DEL MAESTRO

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